miércoles, 11 de junio de 2008
viernes, 30 de mayo de 2008
PuLiR CoNcEpToS

Tal y como acordamos en clase, les informaría a través del blog acerca del horario para las clases de repaso.
¿Les parece bien el siguiente?
LUNES a 2ª hora.
JUEVES a 2ª hora.
VIERNES a 2ª hora.
De lo que se trata es de ver algún fragmento que nos haya quedado pendiente, de resolver dudas, de repasar ideas y de pulir conceptos.
Confirmen si les parece bien este nuevo horario y si nos vemos el lunes.
¡Ánimo!
martes, 29 de abril de 2008
Lo SiEnTo

Lo siento por lo rápido que hemos tenido que dar a Kant.
Lo siento por no haber tiempo para el debate.
Por darlo todo resumido y a la carrera.
Por los tochos de fotocopias.
Lo siento por el empacho previo al examen.
¡Mucha suerte y ya saben que pueden plantear sus dudas aquí antes del examen del viernes!
domingo, 30 de marzo de 2008
¿AmAnEcErÁ mAñAnA?

Es decir, o bien que no la entendamos, o bien que pese a entenderla nos parezca algo disparatado.
Y es que choca no sólo con un presupuesto básico de las ciencias de la naturaleza.
Sino también con una idea implícita con la que funcionamos en nuestra vida cotidiana.
Este presupuesto de la ciencia o idea implícita de nuestra vida cotidiana no es otro que el del principio de causalidad.
Cuando abres el grifo del lavabo esperas que lo que salga no sea leche sino agua, cuando te comes una manzana no esperas que te envenene sino al contrario y si no das un salto al vacío desde lo alto del risco de Famara es porque no crees que en ese momento te nazcan unas alas que te permitan planear y descender suavemente sobre la playa.
Pero todo ello -dice Hume- pertenece al futuro, del que no poseemos impresiones, y nuestras suposiciones al respecto no se basan en otra cosa que en la costumbre y el hábito de lo que ha venido ocurriendo en el pasado.
Es decir, que como el pavo inductivista de Russell, podríamos estar equivocados.
No obstante, cuando en clase puse algunos ejemplos de las cuestiones de hecho que, según Hume, no podemos dar por sentadas, más de uno se revolvió en el asiento con una sonrisilla irónica en la cara.
Por ejemplo:
Suena muy raro, lo sé... Y sin embargo, hubo quien se tomó muy en serio la hipótesis de Hume de que quizás no amaneciera al día siguiente. Y para tranquilizarnos a todos, calculó la probabilidad de que en un momento dado el sol vaya a aparecer un día más:
La Regla de Sucesión permitió a Laplace recuperar la calma tras el desasosiego que probablemente le habría producido el planteamiento de Hume.
¿Consigue refutar la fórmula de Laplace la crítica de Hume a la causalidad?
jueves, 27 de marzo de 2008
¿SoMoS LiBrEs?
Lee antentamente esta sencilla explicación acerca del demonio de Laplace, a fin de que puedas valorar las implicaciones de dicha hipótesis.
Roland hizo una pregunta interesante en clase:
-¿Está el ser humano también sometido al determinismo causal de Laplace?
Otros alumnos, en cambio, opinaron que el hombre no está sometido a dicho determinismo y que su libertad de acción y pensamiento es real y supone una excepción, una ruptura de esa cadena férrea de causas y efectos que opera en el resto de la naturaleza, semejante al movimiento de una serie de fichas de dominó que se empujan la una a la otra.
Como en clase no hubo tiempo de defender cada cual su postura, te pido que aproveches este post para razonar y argumentar a favor de la misma, intentando persuadir al resto de su error.
¿Somos libres o, por contra, todas nuestras acciones, decisiones y pensamientos están ya previamente determinados, tal y como afirma el determinismo?
Te recomiendo que te documentes un poco buscando alguna información en torno a los conceptos de "determinismo" y de "libre albedrío".
miércoles, 26 de marzo de 2008
¿HuMe aTeO?

Este reconocimiento de los límites del hombre para alcanzar determinados conocimientos es lo que caracteriza a los filósofos escépticos, es decir, al movimiento filosófico que recibe el nombre de escepticismo.
Porque es escéptico, Hume no puede ser ateo. El ateísmo implica ya un conocimiento positivo, a saber: que Dios no existe.
De hecho, parece ser que incluso era creyente, como lo era prácticamente todo el mundo en el siglo XVIII.
No obstante, sus valientes críticas de las tradicionales demostraciones y afirmaciones acerca de Dios le valieron el sobrenombre de "Hume el ateo".
Por cierto, antes de Hume hemos estudiado ya otro filósofo que, en parte, puede considerarse escéptico:
domingo, 2 de marzo de 2008
HuMoR áCiDo
sábado, 23 de febrero de 2008
RefUtAnDo a aRiStÓtELeS

Si pudiera vivir nuevamente mi vida,
(Mario Benedetti)
viernes, 8 de febrero de 2008
hAzLe hAbLaR
No sólo es eso. Ya de por sí resulta difícil "hacer hablar" a un texto escrito hace casi 2.500 años. No sólo el lenguaje no es el mismo; también las costumbres, la cultura, los valores y las ideas de quienes nos precedieron y formaron ese contexto histórico en el que vivió Aritóteles y compañía eran muy diferentes a los nuestros.
Y sin embargo, pese a todo, no es imposible: hacer hablar a Aristóteles después de tantos siglos.
Sabemos que su Física es falsa: que hay más de cinco elementos y que el geocentrismo al que también él se adhirió se reveló como una explicación ingeniosa pero falsa.
Pero a pesar de estos errores, la filosofía de Aristóteles se sigue estudiando y enseñando en todas las universidades del mundo y en todos los planes de estudio de Secundaria en los que existe la asignatura de filosofía. Por otra parte, sigue ocupando un puesto de honor en un hipotético ranking de filósofos ilustres.
Así pues, si pensamos que no hay nada de interesante en la filosofía de Aristóteles, si creemos que lo que escribió y pensó aquel griego con barba muerto hace ya casi una eternidad no tiene interés alguno ni puede decirnos o enseñarnos nada a nosotros, que estamos vivos, que vivimos nada más y nada menos que en el siglo XXI, que ni somos griegos ni tenemos barbas tan largas... entonces, una de dos:
a) O bien están muy despistados todos los gobiernos, rectores, decanos, profesores, alumnos, lectores y bloggeros que dan crédito a las ideas de Aristóteles y que las establecen como una parte de los curricula educativos, o las enseñan, o las comentan, o las discuten; en vez de dedicarse a algo más productivo.
b) O bien el problema es nuestro y, por lo que quiera que sea, no hemos sabido hacer hablar a Aristóteles.
Vamos a suponer que las autoridades educativas de casi todos los gobiernos del mundo no son estúpidas ni están despistadas. Vamos a partir de esta hipótesis y a suponer que Aristóteles tiene algo que decirnos también a nosotros, y no sólo a sus conciudadanos atenienses del siglo IV antes de Cristo.
Pero para ello tenemos que demostrarlo: debemos hacerle hablar entre nosotros, en la actualidad. Debemos elegir alguna de las ideas de Aristóteles y "aplicarla", es decir, mostrar de qué modo nos ayuda a comprendernos mejor a nosotros mismos, ya sea a nosotros como individuos, ya sea a la sociedad en la que vivimos.
Uno de esos libros, que aún llevo a medias, se titula "Las arquitecturas del deseo: una investigación sobre los placeres del espíritu", del filósofo español (vivo y sin barba) José Antonio Marina. Lo he ido leyendo en el avión Lanzarote-Sevilla, en el AVE Sevilla-Madrid y a ratos por las noches, antes de caer rendido en la cama.
Su lectura me ha hecho pensar en lo que me ocurrió el martes. Estaba en Sevilla, paseando por la zona peatonal del casco antiguo, que es también la zona comercial por excelencia. De repente, ante el escaparate de unos grandes almacenes, recordé que "me hacían falta" unos vaqueros... Entré ¿y qué ocurrió? Pues que salí de la tienda habiendo comprado dos vaqueros, una chaqueta, una camisa y un cinturón.
Leamos lo que cuenta Jose Antonio Marina acerca del deseo, el consumismo, la publicidad y los escaparates:
La tesis de Marina en estas páginas es la siguiente. Mientras que el deseo ha sido una clase de impulso que las grandes religiones y las culturas antiguas han tratado sistemáticamente de rechazar o calumniar, en nuestra civilización actual no para de promocionarse y fomentarse. Y en ello juega un papel crucial el sistema capitalista y el modelo de consumismo que lo nutre. Pues a través de la publicidad, se nos crean o fabrican nuevas necesidades, nuevos deseos, nuevas insatisfacciones, que nos conducen a comprar compulsivamente, como si en los productos promocionados (perfumes, zapatillas de deporte, coches, etc.) residiera la posibilidad de saciar tales deseos. Esto ocurre en muy breve lapso de tiempo. Pero enseguida la publicidad vuelve a generar en nosotros nuevas necesidades, nuevos deseos, nuevas insatisfacciones...
En efecto, tras haberme comprado los dos vaqueros, la chaqueta, la camisa y el cinturón, me pregunté que para qué o por qué me había comprado tanta ropa compulsivamente, cuando sólo me hacían falta unos vaqueros. Y no pude evitar acordarme de la distinción aristotélica entre fines perfectos e imperfectos.
¿Por qué compramos cosas que no nos hacen falta?
Con la teoría de Aristóteles en la mano deberíamos preguntarnos: "¿y para qué quiero estar a la moda, ser aceptado en un determinado grupo, parecerme a alguien que admiro, etc.?". Y ahí tendríamos que dar otra respuesta, encontrar otro fin más perfecto o valioso que el anterior.
Lo importante es lo siguiente. Aristóteles nos pide que nos fijemos en si dicho comportamiento nos acerca o no al fin supremo o perfecto: la felicidad. Puede resultar un rollo hacerse este tipo de preguntas cada dos por tres. Pero eso es lo que nos pide: ser virtuosos. Y siendo la virtud o "areté" la excelencia en aquello que es propio del hombre, y siendo la razón eso que es propio, lo que nos pide Arstóteles es que actuemos y vivamos conforme al uso excelente de la razón.
Aristóteles nos pide que pensemos, que seamos racionales y actuemos en la vida con inteligencia. Y ello no porque así lo haya pedido algún dios omnipotente (como carse), ni porque su autoridad y fama nos obligue a obedecerle, sino porque sólo así conseguiremos aquello que todos queremos en el fondo: ser felices.
Y ahora va esa "tarea carnavalera" que prometí en clase:
A) Haz hablar a Aristóteles: relaciona alguna de sus ideas con algo que te haya ocurrido, que hayas visto, que hayas pensado, que te preocupe o que forme parte del modo de vida de esta enorme polis que es el mundo globalizado en que vivimos.
B) Profundiza en el tema que he esbozado: el consumismo y la felicidad. Termina la serie de preguntas que yo he comenzado, tratando de dilucidar si mi compra en los grandes almacenes o un tipo de compra similar es inteligente y racional y, por tanto, conduce a la felicidad, o si, por el contrario, es un caso de akrasia.
Como entiendo que estas son fechas de mucho trabajo y que andarás liadísimo/a con la preparación del disfraz, sólo voy a pedirte que contestes a una de las dos tareas, señalando de antemano si te decantas por la A o por la B.
Y ya que ha sido culpa mía el no haber publicado antes este post ampliaré el plazo máximo que tienes para dejar tu tarea en forma de comentario a este post: hasta el viernes 15 de febrero a las 18:00 horas.
No te quejarás...
martes, 8 de enero de 2008
mÁqUiNa dE ExPeRiEnCiAs
Hoy la clase se ha dividido en grupos y cada uno de ellos ha elaborado un "informe" acerca de la felicidad.Se trataba de retomar el tema que había quedado a medias: la ética aristotélica.
Bueno, y de empezar el año con un poco de "buen rollito"... Siempre es mejor volver a los madrugones hablando de la felicidad que haciéndolo acerca de la sustancia o la teoría hilemórfica en Aristóteles.
Una de las preguntas a la que había que responder en dicho informe era la siguiente:
"¿Qué relación hay entre el placer y la felicidad?"
Como vimos en el primer trimestre, esta teoría ética se conoce como hedonismo y se opone al ascetismo moral, representado entre otros por Platón, los estoicos y el cristianismo.
La postura de Aristóteles respecto al papel que el papel debe jugar en el camino del hombre hacia la felicidad es, como tantas otras veces, intermedia. Según él, el placer es un elemento necesario para una vida feliz, mas no indispensable. Se muestra, de hecho, bastante crítico con las teorías hedonistas...
En primer lugar, distingue entre dos tipos de placeres: del cuerpo y del alma. Y sostiene que los primeros, de orden material y sensible (el lujo, la comida, el sexo, etc.) son inferiores a los segundos, de carácter mental o espiritual (una conversación interesante, disfrutar de una música agradable, resolver un problema mediante la razón). Y ello debido a que estos últimos son exclusivos del hombre, mientras que los placeres del cuerpo son característicos de los animales.
En segundo lugar, Aristóteles considera que una vida dedicada o entregada exclusivamente al placer es algo pueril, propio de niños más que de hombres:
Lo interesante del experimento de Nozick son los resultados: pese a lo fantástico que pudiera parecer, en un principio, ingresar -irreversiblemente- en la máquina de experiencias, lo cierto es que la mayoría de la gente no se conectaría.
Por ejemplo, no queremos tener la experiencia de ser una persona honesta; queremos ser una persona honesta. No queremos tener una experiencia similar a la de quien hace un viaje en el tiempo; queremos hacer un viaje en el tiempo. No queremos tener la experiencia de quien se enamora de una persona y ve por fin ese amor correspondido; queremos de hecho enamorarnos y ser correspondidos por la otra persona.
En definitiva, la máquina de experiencias proporciona placer a raudales y a voluntad, tal y como persigue el hedonismo, pero valoramos por encima de ese placer la autenticidad o realidad del mismo.
Preferimos la verdad al placer.
Este mismo reto de la máquina de experiencias es el que se plantea Neo, el protagonista de la película Matrix, cuando duda entre tomar la píldora roja (que le hará ser consciente del engaño en que ha estado viviendo, similar por cierto al del prisionero platónico) o la píldora azul (que le devolverá al placentero pero ilusorio mundo virtual de matrix).
Si te interesa realmente todo esto que he estado contando no dejes de leer este estupendo texto de José Antonio Rivera. Es un poco largo, pero vale la pena. Te servirá, además, para descubrir cómo la película Matrix no es más que un plagio del mito de la caverna de Platón.
Si te interesa, pero no tienes tanto tiempo como quisieras, me conformo con que respondas en un comentario a estas 2 preguntas:
a) ¿Qué opininas de la postura de Aristóteles sobre el placer? Justifica tu respuesta.
b) ¿Entrarías definitivamente en la máquina de experiencias? ¿por qué?
Si, por el contrario, no te interesa lo más mínimo esto que he ido contanto: ¡¿Cómo has llegado hasta aquí?!
martes, 4 de diciembre de 2007
ExAmEn De pLaTóN
Los de la foto tienen ya sus añitos y sin embargo... ahí están, sufriendo horrores con el examen tipo de PAU del filósofo Platón. Llevan décadas intentándolo pero, no hay forma de que aprueben. Son el oprobio de sus familias.
Y es que se han comprometido hoy en clase de filosofía a romper una sólida, vetusta e indolente tradición estudiantil: la de estudiárselo todo el día antes del examen.
Así las cosas, creo que es de justicia que desde este humilde blog les anime y ayude en la medida de mis posibilidades. Para ello, durante el puente que se avecina y hasta la noche del día 12 de diciembre (antevíspera del examen), estará abierto este post para que me pregunten todas las dudas, inquietudes y problemas que sobre Platón vayan surgiendo.
¡Que no te pase lo que a los de la foto!
sábado, 24 de noviembre de 2007
¡CoNgRaTuLaTiOn bLaSíLoFoS!

¡Y vean lo lejos que ha llegado la noticia!
Para los que aún no lo hayan visitado, les enlazo aquí con un recopilatorio que ha hecho Aquilino de todas las entradas anteriores. Sirve para hacerse una idea aproximada en un par de minutos de lo que han podido hacer en apenas dos meses.
¡A seguir así y a por las 2000!
miércoles, 21 de noviembre de 2007
SoY DiOs

Buena suerte".

Sí, han leído bien... Todos pensábamos que era un alumno de 2ºD de bachillerato del IES Blas Cabrera Felipe y que su nombre era Carlos Seijas. Pero parece que no. Hemos estado viviendo en un error.
sábado, 17 de noviembre de 2007
iNmOrTaLiDaD MaTeRiALiStA

"Son también (los átomos) fantásticamente duraderos. Y como tienen una vida tan larga, viajan muchísimo. Cada uno de los átomos que tú posees es casi seguro que ha pasado por varias estrellas y ha formado parte de millones de organismos en el camino que ha recorrido hasta llegar a ser tú. Somos atómicamente tan numerosos y nos reciclamos con tal vigor al morir que, un número significativo de nuestros átomos (más de mil millones de cada uno de nosotros, según se ha postulado), probablemente pertenecieron alguna vez a Shakespeare. Mil millones más proceden de Buda, de Gengis Kan, de Beethoven y de cualquier otro personaje histórico en el que puedas pensar (los personajes tienen que ser, al parecer, históricos, ya que los átomos tardan unos decenios en redistribuirse del todo; sin embargo, por mucho que lo desees, aún no puedes tener nada en común con Elvis Presley).
Así que todos somos reencarnaciones, aunque efímeras. Cuando muramos, nuestros átomos se separarán y se irán a buscar nuevos destinos en otros lugares (como parte de una hoja, de otro ser humano o de una gota de rocío). Sin embargo, esos átomos continúan existiendo prácticamente siempre. Nadie sabe en realidad cuánto tiempo puede sobrevivir un átomo pero, según Martin Rees, probablemente unos 10 (elevado a 35) años, un número tan elevado que hasta yo me alegro de poder expresarlo en notación matemática".
Seguramente protestarás por mi comparación y considerarás que la casi indestructibilidad de los átomos que describe Bryson y su permanente redistribución y dispersión por todo el Universo no puede identificarse con lo que queremos decir al referirnos a la inmortalidad del alma. Y es que hay algo que falta en la hipótesis de Bryson: la permanencia de la identidad personal.
En efecto, podrás decir: "¿De qué me sirve que al morirme mis átomos permanezcan pero pasen a formar parte de la atmósfera, del océano, de un melocotón, de un hipopótamo o del presidente del gobierno de Canarias en el año 2100? Lo importante es que yo no estaré: yo, con mis ideas y creencias, con mis recuerdos, con mi carácter y mi modo de ver la vida... Eso no es una genuina inmortalidad".
Y sin embargo, con Platón ocurre otro tanto. Al final de su obra La República, se cuenta cómo las almas, al morir el cuerpo, tienen la posibilidad de contemplar las Ideas, sin el lastre ya que el cuerpo supone, y que, antes de volver a encarnarse en un cuerpo diferente, antes de "caer" en otra cárcel, beben del río Ameles, sito en "la llanura de Lete", circunstancia que provoca un súbito olvido de todo lo aprendido en vida.
De tal forma que el alma que se ha reencarnado en un nuevo ser también ha perdido su identidad personal: sus ideas y creencias, su carácter, sus sentimientos, su forma de ver la vida. A lo sumo, podrá recordar lo contemplado en el mundo inteligible, las Ideas, pero conservará nada de lo relativo a su identidad personal.
Así las cosas, Platón no está tan alejado de la física moderna...
Pero, en realidad, sea como fuere, yo me pregunto: ¿Quién quiere ser inmortal? Creo que nadie quiere morir, pero... ¿significa eso que lo que realmente queremos es no morir nunca: ser inmortales? Puede que alguna vez hayas pensado en ello, aunque sea de refilón, con ocasión de alguna película o conversación...
Piensa en lo que implicaría la inmortalidad sensu estricto, con la permanencia de tu "yo", de tu identidad personal... Piénsalo y responde:
¿Aceptarías (sin posibilidad de devolverlo nunca) ese "don" o "lastre", si te fuera concedido: el don -o lastre- de ser inmortal?
sábado, 10 de noviembre de 2007
¿eXiStE eL aLmA?
Entré a clase, escribí en la pizarra "ALMA", y les pregunté: ¿qué es el alma? ¿con qué rasgos la describirían? Se trataba de introducir la teoría platónica del alma, su dualismo antropológico y su teoría de la reminiscencia (de la que aún no hemos hablado). Entre todos, fue llenándose la pizarra con rasgos característicos del alma:-inmaterial
-aespacial
-inmortal
-vinculada a los sentimientos
-vinculada a nuestra personalidad
Roland preguntó-afirmó si pertenecía el alma al mundo de las Ideas. Efectivamente, para Platón, así es. De hecho, los tres primeros rasgos señalados por los alumnos son también propios de las Ideas.
Luego pregunté: ¿cuántos creen en "algo más", en "otra vida", después de la muerte? Pocos, seis.
Y a continuación: ¿y cuántos en el alma? Algunos más, nueve. Tres o cuatro alumnos tenían dudas; creían en el alma pero no en su inmortalidad.
Así pues, decidimos dar dos definiciones de alma. La primera de ella consideraba el alma como una realidad, principio o entidad constitutiva del hombre y dotada de los cinco rasgos arriba señalados. La segunda concepción del alma, en cambio, se limitaba a considerarla una especie de motor o principio de vida y movimiento: aquello que animaba (dotaba de "anima", de vida) al cuerpo.
La primera concepción del alma, que incorpora una dimensión casi divina (que le confiere un don en principio exclusivo de los dioses: la inmortalidad), es la que va a defender Platón. La segunda concepción, la del alma como un soplo de vida, como un principio de animación del cuerpo (y que por tanto desaparece y se extingue con el propio cuerpo) es la que va a defender su discípulo, Aristóteles.
¿Y el resto de alumnos? ¿No creían en el alma? No. ¿Cómo explicaban entonces aquella dimensión del ser humano señalada por el resto de compañeros y a la que el concepto "alma" daba respuesta: los sentimientos y la personalidad?
"Son sólo reacciones químicas en el cerebro" -dijo Raquel.
Reacciones químicas, conexiones neuronales o -como dice Aquilino en Blasílofos citando a Francis Crick- "una banal fusión de neuronas en el cerebro"... A eso se reduciría el alma.
Así pues, antes de comenzar el debate, he querido poner un poco de orden resumiendo lo principal de las diferentes posturas que han salido: el dualismo antropológico de corte platónico, la concepción intermedia o inmanente de Aristóteles y, finalmente, la postura del monismo materialista.
Finalmente, en un comentario al post anterior, Laura ha abierto la puerta a un tema interesante: ¿es compatible la creencia en el alma con la teoría de la evolución de Darwin y con la teoría del Big Bang? O en un plano más general: ¿consiguen los últimos descubrimientos y teorías científicas dar al traste con (refutar) las creencias religiosas tradicionales?
Me gustaría que leyeran esta nota de prensa y trataran de contestar qué opina la primatóloga Jane Goodall acerca de las preguntas formuladas en el párrafo anterior. Traten de responder también a lo siguiente: ¿con cuál de las tres posturas que hemos señalado en relación a la existencia del alma crees que se identifica esta darwinista convencida? Y por último: ¿cuál es tu postura? Y como pide Aquilino: ¿por qué? Espero que ofrezcan cada uno de ustedes buenos y convincentes argumentos.
sábado, 27 de octubre de 2007
SoFiStAs ReLaTiViStAS
Esta semana nos hemos detenido brevemente en la polémica entre Sócrates y los sofistas en torno al conocimiento y particularmente a propósito del conocimiento moral: la ética.En el plano general del conocimiento, la mayor parte de los sofistas eran defensores del escepticismo, es decir, pensaban que era imposible alcanzar un conocimiento absoluto y objetivo de la realidad, bien fuera por la limitación de nuestras facultades cognoscitivas, bien porque cada cual conoce la realidad desde su propia perspectiva o punto de vista, desde una posición que hace del conocimiento una experiencia subjetiva y personal.
Esta postura les condujo en el plano de la ética al relativismo moral, esto es, a la doctrina según la cual las normas y valores morales de cada cultura o (en su versión extrema) de cada individuo dependen de o son relativas a dicha cultura o individuo.
A esta doctrina se opone la postura defendida por Sócrates, el universalismo. El universalismo moral sostiene que existen una serie de normas y valores morales que deben respetarse en todas las culturas, pues son universalmente válidas. Sólo apelando a tales valores o normas universales resulta legítimo criticar y rechazar determinadas prácticas morales propias de otras culturas, otros pueblos, otras gentes (o al contrario: realizar un trabajo de autocrítica de la propia cultura, pueblo o persona).
El debate (que originan los sofistas y Sócrates) está servido y se prolonga hasta nuestros días: ¿es posible criticar determinadas prácticas de otras culturas, como la poligamia, la poliandria o la ablación del clítoris? ¿o bien cada cultura tiene su propio sistema de valores y no tenemos ningún derecho a imponer nuestros valores a las culturas y pueblos vecinos? ¿qué postura mantener en un mundo globalizado como el nuestro en el que los flujos migratorios son cada vez más frecuentes y hacen que tales prácticas culturales diferentes no son un "caso de libro", sino una realidad cercana y próxima?
¿Tú qué opinas? Espero tu respuesta a esta cuestión de tanta actualidad en un comentario a este post.
Pero volvamos al siglo V antes de Cristo, a Sócrates y a los sofistas. A continuación, te invito a que visites un blog muy interesante sobre las asignaturas de Filosofía de bachillerato: "La lechuza de Minerva". En el post titulado "Un problema relativo" encontrarás una situación entre divertida y macabra. Te invito a leerla y a contestar en su blog o en éste al problema (relativo) que nos plantea el profesor Quesé. También tienes en el mismo post una presentación sobre Sócrates y los sofistas que te puede ser muy útil a la hora de estudiar.
viernes, 19 de octubre de 2007
eL GaLLo De SóCrAtEs
Hoy hablamos en clase acerca de la muerte de Sócrates y estuve divagando un poco en torno a esas últimas palabras pronunciadas por el insigne filósofo antes de apurar de un sorbo la mortal cicuta:
sculapio.domingo, 23 de septiembre de 2007
Silencio (Fábula) -- Edgar Allan Poe

-“Escúchame” - dijo el Demonio, apoyando la mano en mi cabeza-.” La región de que hablo es una lúgubre región en Libia, a orillas del río Zaire. Y allá no hay ni calma ni silencio.
Era de noche y llovía, y al caer era lluvia, pero después de caída era sangre. Y yo estaba en la marisma entre los altos nenúfares, y la lluvia caía en mi cabeza, y los nenúfares suspiraban entre sí en la solemnidad de su desolación.
Y de improviso se levantó la luna a través de la fina niebla espectral y su color era carmesí. Y mis ojos se posaron en una enorme roca gris que se alzaba a la orilla del río, iluminada por la luz de la luna. Y la roca era gris, y espectral, y alta; y la roca era gris. En su faz habla caracteres grabados en la piedra, y yo anduve por la marisma de nenúfares hasta acercarme a la orilla, para leer los caracteres en la piedra. Pero no puede descifrarlos. Y me volvía a la marisma cuando la luna brilló con un rojo más intenso, y al volverme y mirar otra vez hacia la roca y los caracteres vi que los caracteres decían DESOLACIÓN.
Y miré hacia arriba y en lo alto de la roca había un hombre, y me oculté entre los nenúfares para observar lo que hacía aquel hombre. Y el hombre era alto y majestuoso y estaba cubierto desde los hombros a los pies con la toga de la antigua Roma. Y su silueta era indistinta, pero sus facciones eran las facciones de una deidad, porque el palio de la noche, y la luna, y la niebla, y el rocío, habían dejado al descubierto las facciones de su cara. Y su frente era alta y pensativa, y sus ojos brillaban de preocupación; y en las escasas arrugas de sus mejillas leí las fábulas de la tristeza, del cansancio, del disgusto de la humanidad, y el anhelo de estar solo.
Y el hombre se sentó en la roca, apoyó la cabeza en la mano y contempló la desolación. Miró los inquietos matorrales, y los altos árboles primitivos, y más arriba el susurrante cielo, y la luna carmesí. Y yo me mantuve al abrigo de los nenúfares, observando las acciones de aquel hombre. Y el hombre tembló en la soledad, pero la noche transcurría, y él continuaba sentado en la roca.
Y el hombre distrajo su atención del cielo y miró hacia el melancólico río Zaire y las amarillas, siniestras aguas y las pálidas legiones de nenúfares. Y el hombre escuchó los suspiros de los nenúfares y el murmullo que nacía de ellos. Y yo me mantenía oculto y observaba las acciones de aquel hombre. Y el hombre tembló en la soledad; pero la noche transcurría y él continuaba sentado en la roca.
Entonces me sumí en las profundidades de la marisma, vadeando a través de la soledad de los nenúfares, y llamé a los hipopótamos que moran entre los pantanos en las profundidades de la marisma. Y los hipopótamos oyeron mi llamada y vinieron con los behemot al pie de la roca y rugieron sonora y terriblemente bajo la luna. Y yo me mantenía oculto y observaba las acciones de aquel hombre. Y el hombre tembló en la soledad; pero la noche transcurría y él continuaba sentado en la roca.
Entonces maldije los elementos con la maldición del tumulto, y una espantosa tempestad se congregó en el cielo, donde antes no había viento. Y el cielo se tornó lívido con la violencia de la tempestad, y la lluvia azotó la cabeza del hombre, y las aguas del río se desbordaron, y el río atormentado se cubría de espuma, y los nenúfares alzaban clamores, y la floresta se desmoronaba ante el viento, y rodaba el trueno, y caía el rayo, y la roca vacilaba en sus cimientos. Y yo me mantenía oculto y observaba las acciones de aquel hombre. Y el hombre tembló en la soledad; pero la noche transcurría y él continuaba sentado.
Entonces me encolericé y maldije, con la maldición del silencio, el río y los nenúfares y el viento y la floresta y el cielo y el trueno y los suspiros de los nenúfares. Y quedaron malditos y se callaron. Y la luna cesó de trepar hacia el cielo, y el trueno murió, y el rayo no tuvo ya luz, y las nubes se suspendieron inmóviles, y las aguas bajaron a su nivel y se estacionaron, y los árboles dejaron de balancearse, y los nenúfares ya no suspiraron, y no se oyó más el murmullo que nacía de ellos, ni la menor sombra de sonido en todo el vasto desierto ilimitado. Y miré los caracteres de la roca, y habían cambiado; y los caracteres decían: SILENCIO.
Y mis ojos cayeron sobre el rostro de aquel hombre, y su rostro estaba pálido. Y bruscamente alzó la cabeza, que apoyaba en la mano y, poniéndose de pie en la roca, escuchó. Pero no se oía ninguna voz en todo el vasto desierto ilimitado, y los caracteres sobre la roca decían: SILENCIO. Y el hombre se estremeció y, desviando el rostro, huyó a toda carrera, al punto que cesé de verlo.”
Pues bien, hay muy hermosos relatos en los libros de los Magos, en los melancólicos libros de los Magos, encuadernados en hierro. Allí, digo, hay admirables historias del cielo y de la tierra, y del potente mar, y de los Genios que gobiernan el mar, y la tierra, y el majestuoso cielo. También había mucho saber en las palabras que pronunciaban las Sibilas, y santas, santas cosas fueron oídas antaño por las sombrías hojas que temblaban en torno a Dodona. Pero, tan cierto como que Alá vive, digo que la fábula que me contó el Demonio, que se sentaba a mi lado a la sombra de la tumba, es la más asombrosa de todas. Y cuando el Demonio concluyó su historia, se dejó caer en la cavidad de la tumba y rió. Y yo no pude reírme con él, y me maldijo porque no reía. Y el lince que eternamente mora en la tumba salió de ella y se tendió a los pies del Demonio, y lo miró fijamente a la cara.Traducción: Raquel Albornoz
sábado, 22 de septiembre de 2007
UNAMUNO: Del sentimiento trágico de la vida (1913)

El punto de partida
Y ahora bien; ¿para qué se filosofa?, es decir, ¿para qué se investigan los primeros principios y los fines últimos de las cosas? ¿Para qué se busca la verdad desinteresada? Porque aquello de que “todos los hombres tienden por naturaleza a conocer”, está bien; pero ¿para qué? Buscan los filósofos un punto de partida teórico o ideal a su trabajo humano, el de filosofar; pero suelen descuidar buscarle el punto de partida práctico y real, el propósito. ¿Cuál es el propósito al hacer filosofía, al pensarla y exponerla luego a los semejantes? ¿Qué busca en ello y con ello el filósofo? ¿La verdad por la verdad misma? ¿La verdad para sujetar a ella nuestra conducta y determinar conforme a ella nuestra actitud espiritual para con la vida y el universo?
La filosofía es un producto humano de cada filósofo, y cada filósofo es un hombre de carne y hueso que se dirige a otros hombres de carne y hueso como él. Y haga lo que quiera, filosofa, no con la razón sólo, sino con la voluntad, con el sentimiento, con la carne y con los huesos, con el alma toda y con todo el cuerpo. Filosofa el hombre.
Y no quiero emplear aquí el yo, diciendo que al filosofar filosofo yo y no el hombre, para que no se confunda este yo concreto, circunscrito, de carne y hueso, que sufre del mal de muelas y no encuentra soportable la vida si la muerte es la aniquilación de la conciencia personal, para que no se le confunda con ese otro yo de matute, el Yo con letra mayúscula, el Yo teórico que introdujo en la filosofía Fichte, ni aun con el único, también teórico, de Max Stirner. Es mejor decir nosotros. Pero nosotros los circunscritos en espacios.
¡Saber por saber! ¡La verdad por la verdad! Eso es inhumano. Y si decimos que la filosofía teórica se endereza a la práctica, la verdad al bien, la ciencia a la moral, diré: y el bien ¿para qué? ¿Es acaso un fin en sí? Bueno no es sino lo que contribuye a la conservación, perpetuación y enriquecimiento de la conciencia. El bien se endereza al hombre, al mantenimiento y perfección de la sociedad humana, que se compone de hombres. Y esto; ¿para qué? «Obra de modo que tu acción pueda servir de norma a todos los hombres», nos dice Kant. Bien ¿y para qué? Hay que buscar un para qué.
En el punto de partida, en el verdadero punto de partida, el práctico, no el teórico, de toda filosofía, hay un para qué. El filósofo filosofa para algo más que para filosofar. Primum vivere, deinde philosophari [primero vivir, después filosofar], dice el antiguo adagio latino, y como el filósofo, antes que filósofo es hombre, necesita vivir para poder filosofar, y de hecho filosofa para vivir. Y suele filosofar, o para resignarse a la vida, o para buscarle alguna finalidad, o para divertirse y olvidar penas, o por deporte y juego. Buen ejemplo de este último, aquel terrible ironista ateniense que fue Sócrates, y de quien nos cuenta Jenofonte, en sus Memorias, que de tal modo le expuso a Teodota la cortesana las artes de que debía valerse para atraer a su casa amantes, que le pidió ella al filósofo que fuese su compañero de caza, synthertés, su alcahuete, en una palabra. Y es que, de hecho, en arte de alcahuetería, aunque sea espiritual, suele no pocas veces convertirse la filosofía. Y otras en opio para adormecer pesares.
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Tomad al hombre Spinoza, aquel judío portugués desterrado en Holanda; leed su Ética, como lo que es, como un desesperado poema elegiaco, y decidme si no se oye allí, por debajo de las escuetas y al parecer serenas proposiciones expuestas more geometrico [al modo de la geometría], el eco lúgubre de los salmos proféticos. Aquella no es la filosofía de la resignación, sino la de la desesperación. Y cuando escribía lo de que el hombre libre en todo piensa menos en la muerte, y es su sabiduría meditación no de la muerte, sino de la vida humana -homo liber de nulla re minus quam de morte cogitat et eius sapientiam non mortis, sed vitae meditatio est (Ethice, pars. IV prop. LXVII); cuando escribía, sentíase, como nos sentimos todos, esclavo, y pensaba en la muerte, y para libertarse, aunque en vano, de este pensamiento, lo escribía. Ni al escribir la proposición XLII de la parte V de que «la felicidad no es premio de la virtud, sino la virtud misma», sentía, de seguro, lo que escribía. Pues para eso suelen filosofar los hombres, para convencerse a sí mismos, sin lograrlo. Y este querer convencerse, es decir, este querer violentar la propia naturaleza humana, suele ser el verdadero punto de partida íntimo de no pocas filosofías.
¿De dónde vengo yo y de dónde viene el mundo en que vivo y del cual vivo? ¿Adónde voy y adónde va cuanto me rodea? ¿Qué significa esto? Tales son las preguntas del hombre, así que se liberta de la embrutecedora necesidad de tener que sustentarse materialmente. Y si miramos bien, veremos que debajo de esas preguntas no hay tanto el deseo de conocer un por qué como el de conocer el para qué; no de la causa, sino de la finalidad. Conocida es la definición que de la filosofía daba Cicerón llamándola «ciencia de lo divino y de lo humano y de las causas en que ellos se contienen», rerum divinarum et humanarum, causarumque quibus hae res continentur; pero en realidad, esas causas son para nosotros, fines. Y la Causa Suprema, Dios, ¿qué es sino el Supremo Fin? Sólo nos interesa el por qué en vista del para qué; sólo queremos saber de dónde venimos para mejor poder averiguar adónde vamos.
[...]
¿Por qué quiero saber de dónde vengo y adónde voy, de dónde viene y adónde va lo que me rodea, y qué significa todo esto? Porque no quiero morirme del todo, y quiero saber si he de morirme o no definitivamente. Y si no muero, ¿qué será de mí?; y si muero, ya nada tiene sentido. Y hay tres soluciones: a) o sé que me muero del todo y entonces la desesperación irremediable, o b) sé que no muero del todo, y entonces la resignación, o c) no puedo saber ni una cosa ni otra cosa, y entonces la resignación en la desesperación o esta en aquella, una resignación desesperada, o una desesperación resignada, y la lucha. «Lo mejor es -dirá algún lector- dejarse de lo que no se puede conocer.» ¿Es ello posible? En su hermosísimo poema El sabio antiguo (The ancient sage), decía Tennyson:
«No puedes probar lo inefable (The Nameless), ¡oh hijo mío,

ni puedes probar el mundo en que te mueves;
no puedes probar que eres cuerpo sólo,
ni puedes probar que eres sólo espíritu,
ni que eres ambos en uno;
no puedes probar que eres inmortal,
ni tampoco que eres mortal; sí, hijo mío,
no puedes probar que yo, que contigo hablo,
no eres tú que hablas contigo mismo,
porque nada digno de probarse puede ser probado
ni des-probado, por lo cual sé prudente,
agárrate siempre a la parte más soleada de la duda
y trepa a la Fe allende las formas de la Fe!»
Sí, acaso, como dice el sabio, nada digno de probarse puede ser probado ni des-probado.
for nothing worthy proving can be proven,
nor yet disproven;
¿Pero podemos contener a ese instinto que lleva al hombre a querer conocer y sobre todo a querer conocer aquello que a vivir, y a vivir siempre, conduzca? A vivir siempre, no a conocer siempre como el gnóstico alejandrino. Porque vivir es una cosa y conocer otra, y como veremos, acaso hay entre ellas una tal oposición que podamos decir que todo lo vital es antirracional, no ya sólo irracional, y todo lo racional, antivital. Y esta es la base del sentimiento trágico de la vida.

