martes, 4 de diciembre de 2007

ExAmEn De pLaTóN


Los de la foto tienen ya sus añitos y sin embargo... ahí están, sufriendo horrores con el examen tipo de PAU del filósofo Platón. Llevan décadas intentándolo pero, no hay forma de que aprueben. Son el oprobio de sus familias.

Si no quieres verte dentro de un par de décadas como un padre o madre de familia que jamás aprobó un examen de Platón, te recomiendo que hagas como los alumnos de 2º D de bachillerato del IES Blas Cabrera Felipe.

Y es que se han comprometido hoy en clase de filosofía a romper una sólida, vetusta e indolente tradición estudiantil: la de estudiárselo todo el día antes del examen.

Así las cosas, creo que es de justicia que desde este humilde blog les anime y ayude en la medida de mis posibilidades. Para ello, durante el puente que se avecina y hasta la noche del día 12 de diciembre (antevíspera del examen), estará abierto este post para que me pregunten todas las dudas, inquietudes y problemas que sobre Platón vayan surgiendo.

¡No lo dejes todo para el final!

¡Que no te pase lo que a los de la foto!

sábado, 24 de noviembre de 2007

¡CoNgRaTuLaTiOn bLaSíLoFoS!


Los chicos de Blasílofos han superado ya sobradamente las 1000 visitas...

¡Y vean lo lejos que ha llegado la noticia!

Pues nada, este post no tiene otro objetivo que el de felicitarles por lo bien que va la marcha del blog "Blasílofos".

Para los que aún no lo hayan visitado, les enlazo aquí con un recopilatorio que ha hecho Aquilino de todas las entradas anteriores. Sirve para hacerse una idea aproximada en un par de minutos de lo que han podido hacer en apenas dos meses.

¡A seguir así y a por las 2000!

miércoles, 21 de noviembre de 2007

SoY DiOs




"Hola gente,


Propongo una cosa: Demuestrame que yo NO soy Dios.


Exacto, no has leído mal. La persona que me demuestre que no soy Dios será invitada por mí a una cena. El restaurante lo elegirá quien me haga ver que no puedo ser Dios. No consideraré válidas afirmaciones tipo: "No eres Dios porque Dios no existe", etc. Tiene que ser una respuesta razonada e innegable.


P.D: El profesor también puede participar.

Buena suerte"
.



Sí, han leído bien... Todos pensábamos que era un alumno de 2ºD de bachillerato del IES Blas Cabrera Felipe y que su nombre era Carlos Seijas. Pero parece que no. Hemos estado viviendo en un error.

O acaso no, quién sabe. El hecho es que Carlos (o Dios) nos reta a todos los terrícolas y demás especies que visiten este blog a demostrarle fehacientemente que él no es Dios.

Recibir un mail con la divinidad como remitente pidiéndome un espacio en este modesto blog ha sido todo un halago. Por otra parte, creo que el reto que se nos plantea puede ser interesante. Y ello por las siguientes razones:

a) El otro día salió en clase el término escolástica. Creo que los argumentos que puedan surgir de este debate pueden llegar a alcanzar cierta semejanza con los de los teólogos y filósofos que tanto marearon durante siglos el concepto "Dios".

b) Si conseguimos desenmascarar al interlocutor que se oculta bajo el nick "case" y demostramos que no es otro que el alumno Carlos Seijas, entonces quien lo haga tendrá derecho a una cena gratis por cortesía del susodicho.

c) Si nadie consigue demostrar que Carlos es Dios, entonces... siempre habrá sido emocionante haber discutido contra Dios.

En definitiva, que no tenemos nada que perder.

Les digo lo mismo que Carlos (o Dios):

Buena suerte.

sábado, 17 de noviembre de 2007

iNmOrTaLiDaD MaTeRiALiStA



A veces las teorías y conocimientos científicos resultan más sorprendentes, más fascinantes y más sugerentes que la más fantasiosa de las elucubraciones religiosas... Estaba leyendo el otro día el ameno y pedagógico libro de Bill Bryson, Una breve historia de casi todo, un atípico manual de divulgación científica, cuando me topé con el fragmento que cito a continuación:

"Son también (los átomos) fantásticamente duraderos. Y como tienen una vida tan larga, viajan muchísimo. Cada uno de los átomos que tú posees es casi seguro que ha pasado por varias estrellas y ha formado parte de millones de organismos en el camino que ha recorrido hasta llegar a ser tú. Somos atómicamente tan numerosos y nos reciclamos con tal vigor al morir que, un número significativo de nuestros átomos (más de mil millones de cada uno de nosotros, según se ha postulado), probablemente pertenecieron alguna vez a Shakespeare. Mil millones más proceden de Buda, de Gengis Kan, de Beethoven y de cualquier otro personaje histórico en el que puedas pensar (los personajes tienen que ser, al parecer, históricos, ya que los átomos tardan unos decenios en redistribuirse del todo; sin embargo, por mucho que lo desees, aún no puedes tener nada en común con Elvis Presley).
Así que todos somos reencarnaciones, aunque efímeras. Cuando muramos, nuestros átomos se separarán y se irán a buscar nuevos destinos en otros lugares (como parte de una hoja, de otro ser humano o de una gota de rocío). Sin embargo, esos átomos continúan existiendo prácticamente siempre. Nadie sabe en realidad cuánto tiempo puede sobrevivir un átomo pero, según Martin Rees, probablemente unos 10 (elevado a 35) años, un número tan elevado que hasta yo me alegro de poder expresarlo en notación matemática".


En realidad, lo que describe Bill Bryson puede considerarse como una suerte de versión materialista de la idea de inmortalidad. Y en realidad, si lo pensamos un poco, esta propuesta no es tan diferente de la de Platón.

Seguramente protestarás por mi comparación y considerarás que la casi indestructibilidad de los átomos que describe Bryson y su permanente redistribución y dispersión por todo el Universo no puede identificarse con lo que queremos decir al referirnos a la inmortalidad del alma. Y es que hay algo que falta en la hipótesis de Bryson: la permanencia de la identidad personal.

En efecto, podrás decir: "¿De qué me sirve que al morirme mis átomos permanezcan pero pasen a formar parte de la atmósfera, del océano, de un melocotón, de un hipopótamo o del presidente del gobierno de Canarias en el año 2100? Lo importante es que yo no estaré: yo, con mis ideas y creencias, con mis recuerdos, con mi carácter y mi modo de ver la vida... Eso no es una genuina inmortalidad".

Y sin embargo, con Platón ocurre otro tanto. Al final de su obra La República, se cuenta cómo las almas, al morir el cuerpo, tienen la posibilidad de contemplar las Ideas, sin el lastre ya que el cuerpo supone, y que, antes de volver a encarnarse en un cuerpo diferente, antes de "caer" en otra cárcel, beben del río Ameles, sito en "la llanura de Lete", circunstancia que provoca un súbito olvido de todo lo aprendido en vida.

De tal forma que el alma que se ha reencarnado en un nuevo ser también ha perdido su identidad personal: sus ideas y creencias, su carácter, sus sentimientos, su forma de ver la vida. A lo sumo, podrá recordar lo contemplado en el mundo inteligible, las Ideas, pero conservará nada de lo relativo a su identidad personal.

Así las cosas, Platón no está tan alejado de la física moderna...

Pero, en realidad, sea como fuere, yo me pregunto: ¿Quién quiere ser inmortal? Creo que nadie quiere morir, pero... ¿significa eso que lo que realmente queremos es no morir nunca: ser inmortales? Puede que alguna vez hayas pensado en ello, aunque sea de refilón, con ocasión de alguna película o conversación...

Piensa en lo que implicaría la inmortalidad sensu estricto, con la permanencia de tu "yo", de tu identidad personal... Piénsalo y responde:

¿Aceptarías (sin posibilidad de devolverlo nunca) ese "don" o "lastre", si te fuera concedido: el don -o lastre- de ser inmortal?


sábado, 10 de noviembre de 2007

¿eXiStE eL aLmA?

Entré a clase, escribí en la pizarra "ALMA", y les pregunté: ¿qué es el alma? ¿con qué rasgos la describirían? Se trataba de introducir la teoría platónica del alma, su dualismo antropológico y su teoría de la reminiscencia (de la que aún no hemos hablado). Entre todos, fue llenándose la pizarra con rasgos característicos del alma:

-inmaterial
-aespacial
-inmortal
-vinculada a los sentimientos
-vinculada a nuestra personalidad

Roland preguntó-afirmó si pertenecía el alma al mundo de las Ideas. Efectivamente, para Platón, así es. De hecho, los tres primeros rasgos señalados por los alumnos son también propios de las Ideas.

Luego pregunté: ¿cuántos creen en "algo más", en "otra vida", después de la muerte? Pocos, seis.

Y a continuación: ¿y cuántos en el alma? Algunos más, nueve. Tres o cuatro alumnos tenían dudas; creían en el alma pero no en su inmortalidad.

Así pues, decidimos dar dos definiciones de alma. La primera de ella consideraba el alma como una realidad, principio o entidad constitutiva del hombre y dotada de los cinco rasgos arriba señalados. La segunda concepción del alma, en cambio, se limitaba a considerarla una especie de motor o principio de vida y movimiento: aquello que animaba (dotaba de "anima", de vida) al cuerpo.

La primera concepción del alma, que incorpora una dimensión casi divina (que le confiere un don en principio exclusivo de los dioses: la inmortalidad), es la que va a defender Platón. La segunda concepción, la del alma como un soplo de vida, como un principio de animación del cuerpo (y que por tanto desaparece y se extingue con el propio cuerpo) es la que va a defender su discípulo, Aristóteles.

¿Y el resto de alumnos? ¿No creían en el alma? No. ¿Cómo explicaban entonces aquella dimensión del ser humano señalada por el resto de compañeros y a la que el concepto "alma" daba respuesta: los sentimientos y la personalidad?

"Son sólo reacciones químicas en el cerebro" -dijo Raquel.

Reacciones químicas, conexiones neuronales o -como dice Aquilino en Blasílofos citando a Francis Crick- "una banal fusión de neuronas en el cerebro"... A eso se reduciría el alma.

Así pues, antes de comenzar el debate, he querido poner un poco de orden resumiendo lo principal de las diferentes posturas que han salido: el dualismo antropológico de corte platónico, la concepción intermedia o inmanente de Aristóteles y, finalmente, la postura del monismo materialista.
Finalmente, en un comentario al post anterior, Laura ha abierto la puerta a un tema interesante: ¿es compatible la creencia en el alma con la teoría de la evolución de Darwin y con la teoría del Big Bang? O en un plano más general: ¿consiguen los últimos descubrimientos y teorías científicas dar al traste con (refutar) las creencias religiosas tradicionales?

Me gustaría que leyeran esta nota de prensa y trataran de contestar qué opina la primatóloga Jane Goodall acerca de las preguntas formuladas en el párrafo anterior. Traten de responder también a lo siguiente: ¿con cuál de las tres posturas que hemos señalado en relación a la existencia del alma crees que se identifica esta darwinista convencida? Y por último: ¿cuál es tu postura? Y como pide Aquilino: ¿por qué? Espero que ofrezcan cada uno de ustedes buenos y convincentes argumentos.



sábado, 27 de octubre de 2007

SoFiStAs ReLaTiViStAS

Esta semana nos hemos detenido brevemente en la polémica entre Sócrates y los sofistas en torno al conocimiento y particularmente a propósito del conocimiento moral: la ética.

En el plano general del conocimiento, la mayor parte de los sofistas eran defensores del escepticismo, es decir, pensaban que era imposible alcanzar un conocimiento absoluto y objetivo de la realidad, bien fuera por la limitación de nuestras facultades cognoscitivas, bien porque cada cual conoce la realidad desde su propia perspectiva o punto de vista, desde una posición que hace del conocimiento una experiencia subjetiva y personal.

Esta postura les condujo en el plano de la ética al relativismo moral, esto es, a la doctrina según la cual las normas y valores morales de cada cultura o (en su versión extrema) de cada individuo dependen de o son relativas a dicha cultura o individuo.

A esta doctrina se opone la postura defendida por Sócrates, el universalismo. El universalismo moral sostiene que existen una serie de normas y valores morales que deben respetarse en todas las culturas, pues son universalmente válidas. Sólo apelando a tales valores o normas universales resulta legítimo criticar y rechazar determinadas prácticas morales propias de otras culturas, otros pueblos, otras gentes (o al contrario: realizar un trabajo de autocrítica de la propia cultura, pueblo o persona).

El debate (que originan los sofistas y Sócrates) está servido y se prolonga hasta nuestros días: ¿es posible criticar determinadas prácticas de otras culturas, como la poligamia, la poliandria o la ablación del clítoris? ¿o bien cada cultura tiene su propio sistema de valores y no tenemos ningún derecho a imponer nuestros valores a las culturas y pueblos vecinos? ¿qué postura mantener en un mundo globalizado como el nuestro en el que los flujos migratorios son cada vez más frecuentes y hacen que tales prácticas culturales diferentes no son un "caso de libro", sino una realidad cercana y próxima?

¿Tú qué opinas? Espero tu respuesta a esta cuestión de tanta actualidad en un comentario a este post.

Pero volvamos al siglo V antes de Cristo, a Sócrates y a los sofistas. A continuación, te invito a que visites un blog muy interesante sobre las asignaturas de Filosofía de bachillerato: "La lechuza de Minerva". En el post titulado "Un problema relativo" encontrarás una situación entre divertida y macabra. Te invito a leerla y a contestar en su blog o en éste al problema (relativo) que nos plantea el profesor Quesé. También tienes en el mismo post una presentación sobre Sócrates y los sofistas que te puede ser muy útil a la hora de estudiar.

viernes, 19 de octubre de 2007

eL GaLLo De SóCrAtEs

Hoy hablamos en clase acerca de la muerte de Sócrates y estuve divagando un poco en torno a esas últimas palabras pronunciadas por el insigne filósofo antes de apurar de un sorbo la mortal cicuta:


"Critón, le debemos un gallo a Esculapio. Paga mi deuda y no la olvides"


Les comenté a los alumnos que era común entre los griegos ofrecer un gallo a Asclepio (Esculapio es el nombre romano), dios de la medicina, cuando alguien se recuperaba de una enfermedad y sanaba. Y que, en este sentido, Nietzsche había aventurado una hipótesis audaz: la de que Sócrates era un individuo incapaz de valorar en toda su plenitud la vida, a la que consideraba una enfermedad, razón por la cual apuró sin rechistar la copa de cicuta e incluso consideró que por poner fin a esta enfermedad que era la vida le debia un gallo a Esculapio.


Al llegar a casa investigué un poco más en internet y descubrí que en torno a estas últimas palabras de Sócrates había corrido mucha más tinta de la que había imaginado. En realidad, no podía ser de otro modo: las últimas palabras que pronuncia un ser humano no son como para que a nadie pasen desapercibidas. Y menos cuando el que las pronuncia es considerado por el Oráculo de Delfos el hombre más sabio de entre los antiguos griegos.


Así pues, te propongo lo siguiente. Te propongo que investigues tú también sobre este enigma: el significado de la misteriosa y última frase que pronunció Sócrates junto a sus discípulos. Para ello, te recomiendo el siguiente enlace, en el que se resumen varias de las hipótesis que los estudiosos del tema han ofrecido:


Después de haber leído tales hipótesis: ¿Cuál te resulta más convincente? ¿cuál te parece más sugerente? ¿por qué?...


Puedes contestar mediante comentarios a esta entrada, o bien creando un post en tu blog.